San Ignacio resume en pocas líneas la razón de nuestra existencia y aquello que nos lleva a la perfección cristiana. Es un compendio perfecto de la regla de vida para alcanzar la salvación y merecer felicidad del cielo en la visión beatífica.
“El hombre ha sido creado para alabar, honrar y servir a Dios, nuestro Señor, y por este medio salvar su alma. Y las otras cosas sobre la faz de la tierra han sido creadas para el hombre y ayudarle en la consecución del fin que le fue señalado por Dios al crearlo. De donde se sigue que debe usar de ellas en tanto le conduzcan a su fin y apartarse de ellas en tanto le aparten; por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas en todo lo que es concebido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido: en tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados” (Ejercicios Espirituales: Principio y Fundamento)